Aprender a emprender: Pacto de socios

Aprender a emprender: Pacto de socios
Unas “reglas del juego” que establezcan hacia dónde vamos, con qué valores y qué esperamos los unos de los otros

En el libro “La Cumbre Infinita – Relato de una expedición, espejo de una empresa” los autores hemos querido utilizar la analogía de la escalada del K2 por la Magic Line, en el año 2004, como espejo de proyectos empresariales que impulsan los emprendedores. Hay tantas historias como emprendedores, tantas como alpinistas, porque no existe un único camino ni una sola forma de alcanzar el objetivo, sino que cada emprendedor dibuja su ruta y escribe su propia historia en base a sus valores, su experiencia, sus compañeros, su suerte.

El emprendimiento, como el alpinismo, son dos culturas hermanas donde las historias se viven y luego se transmiten de generación en generación a través de relatos, que sirven de hitos, de señales, de fuentes de inspiración. De estas experiencias se obtienen conclusiones sobre lo que ha funcionado y lo que no, sobre los obstáculos que pueden aparecer en el camino y la forma de superarlos; son una fuente de ideas y recursos que futuros emprendedores o alpinistas utilizan como guía en sus propias aventuras.

El pacto de socios define unas “reglas del juego” que establecen hacia dónde vamos, con qué valores y qué esperamos los unos de los otros

El paso a la acción cuando hablamos de start-up’s o de proyectos empresariales en general exige necesariamente un momento previo de establecimiento de compromisos: hacia dónde vamos, con qué valores y qué esperamos los unos de los otros. En el caso de los “Magic Boys” no hubo necesidad de firmar acuerdos, el alpinismo se mueve en unas coordenadas muy marcadas por la confianza y el conocimiento mutuo; son proyectos de menor duración en el tiempo y donde el aspecto económico no entra en juego o lo hace en una dimensión muy distinta.

Pero desde mi posición de acompañamiento de las start-up’s defiendo la conveniencia y la necesidad de recoger todos los acuerdos verbales entre los socios fundadores en un pacto de accionistas. ¿Por qué? De nuevo hay una razón evidente: porque cuando se inicia un camino largo y retador como es una empresa, con una dimensión económica y durante cuyo recorrido se va a hacer frente a situaciones de todo tipo, muchas de ellas difíciles, siempre conviene contar con un documento de entrada, que no es más que una formalización de las “reglas del juego” que todos los socios aceptan y que, si todo va bien, no será necesario volver a poner sobre la mesa.

Como socios que comparten riesgos y futuros beneficios, conviene que quede claro de partida cuál es la visión común y la cultura de esa empresa, lo que cada uno aportará al proyecto, la forma de tomar decisiones, resolver conflictos o cómo proceder en ciertas situaciones de crisis o incluso de disolución. No deja de ser una redacción consensuada que complementa a los estatutos que toda sociedad ha de redactar por ley, y que obliga a un sano ejercicio de comunicación, reflexión y conocimiento mutuo. Esa visión y misión quedan escritas y son el pilar sobre el que el proyecto se sustentará en el futuro, la esencia inquebrantable a la que se seguirán sumando personas a lo largo del recorrido, el ADN del proyecto y su Sentido.

He visto a muchas compañías fracasar porque en este momento inicial no han discutido ni puesto por escrito esas reglas del juego. Otras se han dado cuenta al hacerlo de que no todo estaba hablado y de que los intereses y ambiciones de cada uno no iban en la misma línea, o el Sentido se disolvía en el camino, dejando atrás el proyecto. Si el pacto de accionistas es recomendable en todos los casos, cuando un inversor se suma al proyecto, con un papel temporal en el mismo, la redacción de ese pacto pasa a ser una condición indispensable.

Cuando el equipo tiene un buen plan desarrollado y logra los recursos necesarios ya está listo para iniciar el verdadero camino, el de la ejecución. En las empresas de rápido crecimiento, el pistoletazo de salida se da con la firma del pacto de socios y la entrada de los recursos económicos. Este pacto recoge toda una serie de declaraciones que reflejan las bases sobre las que se construye la relación entre el inversor y los socios fundadores. El inversor, que aporta la mayor parte de los recursos económicos, lo hace poniendo su confianza en el equipo de emprendedores y en el plan de negocio que se ha consensuado. En el mundo de la empresa, este inversor, normalmente un socio minoritario y alejado de la gestión del día a día, tiene en la firma del pacto de socios un mecanismo de defensa de su posición.

Cuando los socios fundadores y el inversor han firmado ese pacto ante notario, el tercero independiente que da fe del hecho, están realmente listos para empezar, es el momento de la verdad en el que se unen el “por fin” tras el largo proceso de planificación, y el “ahora empieza todo”. Es uno de los instantes que todo empresario y todo inversor conservan en su memoria, porque es el símbolo del inicio de una aventura, lo que le da sentido a todo el esfuerzo previo y donde se demostrará la posibilidad de hacer realidad un sueño.

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