Valentín Giró describe la importancia de “Los Invisibles”

Valentín Giró describe la importancia de Los Invisibles
Sin los porteadores baltís ninguna expedición podría alcanzar siquiera las montañas

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Sin los porteadores baltís ninguna expedición podría alcanzar siquiera las montañas

Askole tiene un aspecto completamente medieval, con rudimentarias casas de adobe y rodeada de campos de cultivo. Parece que pocas cosas hayan cambiado en ese lugar desde que lo pisaran los primeros exploradores a mitad del siglo XIX. Es un entorno de alta montaña, que impacta por su hostilidad y dureza, donde las gentes subsisten como hace siglos, sin electricidad ni saneamiento ni cualquier otro servicio básico. Y este remoto lugar del mundo es el punto de encuentro de las expediciones, de organización y salida de los porteadores con el material de cada expedición hacia el Campo Base, a través del Glaciar del Baltoro. Los hombres baltís de toda la región acuden a Askole para ponerse al servicio de las expediciones, como porteadores o como personal de apoyo en el Campo Base. Los porteadores, sin los cuales ninguna expedición podría alcanzar tan siquiera las estribaciones de las montañas con la cantidad de material que es necesario llevar hasta allí, figuran demasiado a menudo en último plano.

Paradójicamente quedan relegados a la condición de “invisibles” dentro de la expedición, como si el éxito no dependiera de ellos en primera instancia. Y esto ocurre incluso con los sherpas o porteadores de altura, los que escalan junto a los alpinistas para ayudarles a montar sus campos durante el trabajo de progreso en la vía; a menudo se les deja también a ellos fuera de lo que se considera el “trofeo” de la foto de cumbre, especialmente en altas montañas codiciadas por tener un acceso más o menos asequible y, por tanto, convertidas en rutas frecuentadas por expediciones de tipo más comercial. Sin embargo, es absolutamente imposible pensar en cualquier expedición a un ochomil sin la ayuda de todos ellos, personas dignas de admiración, respeto y gratitud, que hacen de esa actividad arriesgada y dura su principal fuente de ingresos anual en una región extremadamente pobre, haciendo así posible que nosotros lleguemos a las cumbres de estas grandes montañas.

El encuentro con todos ellos es un momento emocionante y un verdadero espectáculo, que en el año 2004 adquirió dimensiones excepcionales porque la conmemoración de la primera ascensión del K2 atrajo a muchísimas expediciones a la zona del Baltoro, lo que movilizó a cientos de porteadores. En la prensa local se daban estimaciones de hasta 2.500 trekkers en la zona, probablemente la mitad de ellos italianos. De las cuatro o cinco expediciones que habitualmente pueden partir de Askole cada verano rumbo al K2, en 2004 salieron un total de catorce. Y, como era de esperar, hubo algunos incidentes, como el de los dos porteadores de una expedición italiana, que cayeron a las heladas aguas del Braldo, en un punto con tal corriente que fue imposible rescatarlos.

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