Valentín Giró habla del encuentro con Fhida, el cocinero de la expedición

Valentín Giró habla del encuentro con Fhida, el cocinero de la expedición
El cocinero es una pieza esencial de la expedición, por sus buenas artes y su actitud

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

El cocinero es una pieza esencial de la expedición, por sus buenas artes y su actitud

Cuando llegamos a Askole y bajamos de aquellos Toyotas desvencijados que nos habían traído de Skardu, lo primero que percibimos fue un gran desorden de gente yendo y viniendo, unos cargados y otros no, en medio de un griterío en el que convivían multitud de lenguas: baltí y urdu, por supuesto, pero también inglés, italiano, francés, alemán, japonés, castellano ¡y hasta catalán!. Pero uno no se daba cuenta hasta más tarde de la organización que subyacía a aquel inmenso caos aparente; cada grupo tenía asignado su lugar de acampada en medio de un microcosmos poblado de gente y de bultos, mientras niños y cabras se movían y brincaban sin parar alrededor. En este ambiente de preparación, justo antes de la partida, se podía percibir toda la energía del movimiento, de la acción, de la convergencia y complicidad de múltiples intenciones y voluntades que estábamos a punto de iniciar nuestros particulares desafíos.

Fue una agradable sorpresa descubrir que nuestro campamento estaba ya montado y Fidha, que sería nuestro cocinero, nos aguardaba con una excelente cena. El cocinero es una pieza esencial de la expedición, sus buenas artes y su actitud alegre son siempre ingredientes básicos para reponer fuerzas y subir los ánimos del equipo. Al ver a Fidha por primera vez en Askole supimos que estábamos de suerte. Nos acostamos felices, recuerdo aquella noche como un verdadero descanso: estábamos preparados, con todo el material listo, a punto de iniciar lo que realmente habíamos estado esperando: la marcha a pie, dejando atrás aviones, coches, ruidos, papeleos y gestiones. Ahora empezábamos a palpar la verdadera materia del sueño.

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