REFLEXIONES SOBRE LA ETAPA DE ACELERACIÓN DE UNA START-UP (3)

Reflexiones sobre la etapa de aceleración de una start-up (3)
La importancia de compartir

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando. 

La importancia de compartir

Una empresa autista e inflexible suele estar condenada a la soledad y al fracaso. Ante casi cualquier vicisitud, ante cualquier cambio en el entorno, hay que ser capaz de repensar un proyecto. Redimensionarse, manteniendo la visión y la misión – dónde queremos llegar y de qué forma –, pero modificando ciertas cosas que nos permitan adaptarnos a una nueva realidad. La experiencia me ha enseñado que la flexibilidad es indispensable para el éxito en un proyecto ambicioso. Siempre puede haber más de un camino para alcanzar el mismo objetivo, y saber adaptarse a las circunstancias puede dar respuesta a lo que en un momento crítico parece insuperable. Desgraciadamente, he visto más de una vez cómo la obstinación de algún emprendedor por no tener en cuenta el contexto o escuchar a su equipo y modificar su camino, le ha costado el fracaso, del mismo modo que he visto cómo saber redimensionar a tiempo teniendo en cuenta todos los factores en juego de un proyecto lo ha hecho posible y exitoso.

Un aspecto importante a tener en cuenta, y que puede evitar muchos problemas en momentos críticos, es el del peso y el liderazgo de las diferentes personas que forman el equipo fundador en una nueva aventura empresarial. Éste reparto de roles ha de reflejarse igualmente en el reparto de las participaciones de la compañía entre los socios. Esta distribución ha de reflejar el papel de cada uno de los fundadores en cuanto a su compromiso y sus capacidades. Fernando Trías de Bes comenta en este sentido que en ocasiones, los socios fundadores tienden a caer en el llamado “síndrome de los tres mosqueteros”, comenten el error de aplicar la fórmula del “uno para todos y todos para uno” cuando a veces eso no responde a la realidad de lo que cada uno aporta y se juega en el proyecto. Si somos cuatro socios, ¿hemos de tener un 25% cada uno? No necesariamente.

El reparto accionarial exige una reflexión previa para que cada miembro del equipo encuentre el equilibrio entre lo que da y lo que obtendrá en caso del éxito futuro e hipotético de la empresa. Este análisis exige mucho auto-conocimiento por parte de los socios y un enfoque claro en el objetivo común como meta. La finalidad del proyecto nunca puede ser únicamente el éxito económico, o la cumbre en el caso del alpinismo. Se trata de desarrollar la visión que ha unido al equipo con pasión y esfuerzo, de acuerdo a unos valores compartidos y con honestidad en todos los sentidos, y cómo no en el reparto de roles y participaciones. Actuando así, las plusvalías o el éxito llegan como resultado del trabajo bien hecho, pero nunca como un fin en sí mismo.

Para los “Magic Boys” lo importante era ascender al K2 por donde habían decidido y del modo como habían decidido hacerlo. Llegar o no a la cumbre era una consecuencia deseada pero sujeta a muchos interrogantes, ante los cuales la única seguridad era la del proyecto y su Sentido. Se trataba de trabajar en la montaña de una determinada manera, orientada al objetivo de lograr la cumbre, pero sólo como resultado de hacer las cosas de la forma en la que creían, fieles a la visión y a la misión que les unió y que les mantendría unidos en cualquier circunstancia y ante cualquier dificultad. Enseñar a formar un buen equipo, enseñar pasión y compromiso, es imposible; sólo podemos dar ejemplos, y el del K2 es muy valioso. El liderazgo se puede aprender y mejorar con la experiencia, pero emprender es sin duda una forma de ser y entender la vida.

[Autor: Carlos Trenchs, “La Cumbre Infinita, relato de una expedición, espejo de una empresa”]

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