VALENTÍN GIRÓ RECUERDA LA LLEGADA AL CAMPO BASE DEL K2

Valentín Giró recuerda la llegada al campo base del K2
En el año 2004 había muchas expediciones en el Campo Base del K2

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando. 

En el año 2004 había muchas expediciones en el Campo Base del K2 

“Como si fuera un símbolo, la bandera pirata ondeaba en su campamento. Si me volvieran a preguntar ahora volvería a decir que era imposible que alcanzaran la cima por la Magic Line, una ruta demasiado larga y difícil para un grupo tan pequeño. Pero los piratas, ya se sabe, no basan su fuerza en el número, ni en los grandes medios, sino en el valor y la sorpresa.”

Darío Rodríguez, “Confesiones desde el CB del K2”, Revista Desnivel, octubre 2004.

El día 17 de junio llegamos, por fin, al Campo Base (CB) del K2. Óscar y Manel alcanzaron el CB un día más tarde, ya que se habían separado del equipo en Concordia para acercarse al Campo Base del Gasherbrum II, a buscar algo de material (varias bobinas de cuerda) que Óscar había dejado escondido allí el año anterior. así anotamos ese día en nuestro Diario de Expedición:

“Aquí estamos. Hoy hemos alcanzado el Campo Base del K2, a 5.100 metros. Muy temprano y tras dos horas de marcha desde el Campo Base del Broad Peak, hemos llegado finalmente a esta ‘pequeña ciudad’ que este año es el Base del K2”.

Sabíamos que en el año 2004 el CB estaría muy concurrido de expediciones, por lo que ya habíamos previsto la instalación de nuestro campamento en una zona más alejada y tranquila, en el extremo superior del glaciar Goldwin-Austen, en dirección a la ruta de Abruzzos. El día de nuestra llegada, Tosas y yo nos habíamos adelantado un poco para indicar a los porteadores el emplazamiento escogido y plantar allí nuestra bandera pirata. El lugar quedaba a una media hora escasa andando desde la pequeña ciudad en que se convirtió el CB ese año. Dimos a nuestros porteadores una propina adicional por el tramo extra que les pedimos hacer, dado que estaban ya muy cansados y deseando acabar para poderse volver, Baltoro abajo, hacia los valles cálidos.

Cada cosa que se logra en una expedición es una pequeña victoria, un pequeño paso adelante, muy importante, y los alpinistas sabemos que alcanzar el CB de un ochomil es ya motivo suficiente de celebración, dado que no son pocas las complicaciones que pueden surgir durante la aproximación. Al Oficial de Enlace, por ejemplo, no le gustó demasiado la elección de nuestro emplazamiento, porque le suponía tener que andar algo más para reunirse con sus colegas de otras expediciones; pero la acató sin quejas, y a nosotros nos fue muy bien ya que puede llegar a ser muy molesto que se citen en tu campamento todos los oficiales para hacer, día sí y día también, sus partidas de cartas. Tal vez fue por eso, y por el frío del lugar y el dolor de cabeza por la altura, que a los pocos días nos dijo – como ya he apuntado – que su familia lo reclamaba y que se volvía, dejándonos más tranquilos con nuestro equipo local.

La llegada al CB y la elección del emplazamiento fue, por tanto, otro momento esencial de la expedición. Íbamos a pasarnos dos meses viviendo en ese lugar, haciendo de él nuestra casa, y necesitábamos sentirnos cómodos. Por un lado, queríamos tranquilidad, que no implicaba aislamiento respecto de las otras expediciones, pero sí una cierta distancia que evitase demasiadas interferencias. Nuestro trabajo iba a ser duro y requería de toda nuestra concentración y descanso. Preferíamos escoger nosotros los momentos para visitar a otras expediciones y hacer vida social. Y, por otro lado, nuestra ubicación respondía a una cuestión de salud: es siempre mejor estar por encima de la zona de letrinas que, aunque deben cavarse en unas ubicaciones determinadas del glaciar, siempre es difícil de controlar completamente, y más en un año tan masificado como iba a ser 2004. Nuestra posición nos evitó las típicas descomposiciones por contaminación de las aguas, fruto de las ciento cincuenta tiendas que acabaron instalándose en el CB, albergando a unas doscientas cincuenta personas de quince expediciones

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