Valentín Giró describe el descenso de Corominas por el Bottleneck del K2

Valentín Giró describe el descenso de Corominas por el Bottleneck del K2
Tras su esfuerzo titánico de cumbre, Coro tuvo que flanquear ese muro como un verdadero funambulista, mordiendo el hielo únicamente con sus crampones y su piolet

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Tras su esfuerzo titánico de cumbre, Coro tuvo que flanquear ese muro como un verdadero funambulista, mordiendo el hielo únicamente con sus crampones y su piolet

El 17 de agosto, a las 13:30 h y tras 32 horas de escalar sin parar, Coro alcanzaba nuestra tienda North Face del Campo III de Abruzzos, la que Ghulam y yo logramos dejar plantada a 7.450 m. Respiré muy hondo en ese instante. Atrás dejaba la peligrosa travesía de hielo del “Cuello de Botella”, que tuvo que superar sin cuerda ni línea alguna de seguridad.

Más tarde me confesaría que, cuando descendía rapelando, justo a la altura del amenazante serac colgante que estrangula el “Cuello de Botella” a 8.400 m de altura, se dio cuenta de que varios tramos de cuerda habían sido arrancados completamente de la pared, probablemente a causa de los desprendimientos de hielo. Afortunadamente Coro supo detenerse a tiempo y, en ese punto, en plena noche y agotado tras su esfuerzo titánico de cumbre, no tuvo más remedio que flanquear ese muro como un verdadero funambulista, mordiendo el hielo únicamente con sus crampones y su piolet.

Kurt Diemberger recuerda la impresión que le causó el “Cuello de Botella” del K2 cuando atacaba la cumbre el día 4 de agosto de 1986: “Como un cielo de hielo sobre la cabeza, una pared extraplomada, de casi 150 m (…) Cuando se llega a la pared por debajo de esa “montaña de cristal” se está, al fin, en condiciones de ver y escrutar con la mirada desde más cerca. Se tiene la sensación de haber pisado un altar incomprensible con sus también incomprensibles ofrendas para el sacrificio. Y te invade un temor. Sí, se puede decir tranquilamente: miedo., es miedo”.

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