Valentín Giró recuerda a Manel de la Matta desde el Broad Peak

Valentín Giró recuerda a Manel de la Matta desde el Broad Peak
Valentín Giró ascendiendo al Campo 1 (5.700 m) del broak Peak (8.047 m), a sus espaldas el glaciar Godwin-Austen

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Cuántas veces pienso en tus palabras: “Importa el camino, no sólo la cumbre. Importa el cómo, de qué manera, con qué medios, con qué compañeros y por qué camino”

En el verano del año 2007, con motivo de una expedición al Broad Peak (8.047 m), regresé de nuevo al Memorial Gilkey. Esta expedición fue para mí una gran oportunidad para conversar de cerca con Manel y contemplar de nuevo nuestra Magic Line. Allí, junto a las rocas que guardan su sepultura, viendo la montaña de nuestros sueños, reviví muchos instantes que nos llenaron la vida y que nos marcaron para siempre; sí, hubo para mí un “antes” y un “después”, como persona y como alpinista, a partir de nuestra Magic Line. Desde aquel lugar, el Memorial Gilkey, junto a Manel, escribí estas palabras en su recuerdo:

A Manel de la Matta:

Estaba esperando este momento. ¿Sabes?, dentro de poco, en cuanto el tiempo mejore, saldremos para cumbre. Lo tenemos todo listo, con los campos de altura instalados. El pasado día 12, una primera cordada de nuestro equipo logró la cumbre del Broad Peak (8.047 m); ahora nos toca el turno a nosotros. Ya sabes, son momentos para ultimar preparativos y esperar a que la montaña nos de una oportunidad. En los últimos días ha estado nevando mucho en altura y la traza abierta por el primer grupo de cumbre se habrá cubierto de nuevo. Nos va a tocar trabajar a fondo para alcanzar el campo 3 y ya no te digo para ir hacia la cumbre.

Esta mañana, a primera hora, he cruzado el glaciar, desde nuestro CB, para llegar hasta aquí, junto al K2, la montaña de nuestros sueños. Qué bien se ve, desde tu promontorio, la ruta que hace tres años decidimos recorrer, la Magic Line, nuestra bella, esquiva y elegante Magic Line, a la que en cuerpo y alma nos entregamos. La montaña, al final, se nos llevó tu vida y con ella nuestro sueño, cuando tu cuerpo falló tras acariciar la cumbre. Regresamos vacíos y abatidos, huérfanos de tu sonrisa, sin ti, amigo y compañero de cordada, en la montaña y en la vida.

Pero no, no fue un adiós. A pesar de no tenerte, sigues vivo entre nosotros. Tu recuerdo, Manel, nos trae felicidad y nos regala vida; la que nos entregas al revivir tu honestidad, tu ilusión por las cosas pequeñas…, y, sobre todo, tu sonrisa, tu optimismo. Éste es tu legado, amigo, el de una vida fiel a lo que en más de una ocasión te oí decir: “Prefiero llenar mis años de vida que mi vida de años”. Siempre creíste que el camino de la montaña, como el de la vida, no se recorre con las piernas sino con el corazón.

Por eso un día dibujaste el sueño de la Magic Line, tu credo; con ella quisiste reivindicar un alpinismo pasional y genuino, digno ante todo, en el que predomina el afán de la exploración, se acepta la incertidumbre y donde la actividad va más allá de lo deportivo y adquiere una dimensión humana en la que cada uno da y recibe, enriqueciéndose así mutuamente. Cuántas veces recuerdo tus palabras: “Importa el camino, no sólo la cumbre. Importa el cómo, de qué manera, con qué medios, con qué compañeros y por qué camino”.

Por eso he regresado este año al Karakorum; quiero volver al lugar donde descansas para contemplar contigo este paisaje y recordar lo que aquí vivimos. Esta mañana, al llegar aquí, a tu promontorio, el día me ha recibido con sus mejores luces, sabiendo de nuestro encuentro. Desde este mirador, parece que volemos sobre el glaciar Godwin-Austen, entre el K2, el Broad Peak y más hacia el sur, el Chogolisa. ¿Te acuerdas? El mismo paisaje que decoraba nuestra ascensión de la Magic y que tú, una y otra vez, filmaste mientras escalabas: “Aquí estamos muy a gusto”, recuerdo que decías, con tu sonrisa, ajeno al cansancio, al frío y al mal tiempo. Sé que disfrutaste de cada instante, entregando tu ilusión y tu esfuerzo con tu generosidad de siempre.

En pocos días, como te decía, intentaré subir a la cumbre del Broad Peak, por su espolón oeste, la ruta normal. Sé que es una vía que tú nunca escogerías; demasiado frecuentada y sin el compromiso ni la dificultad técnica que has buscado siempre en tus proyectos. Pero ten en cuenta, amigo, que el Broad – el mejor mirador sobre la Magic Line del K2 – es mi excusa, mi pretexto para estar ahora cerca de ti.

Leo ahora para ti, una vez más, el poema “Piedras antárticas” de Pablo Neruda que tanto te gusta y que te acompaña en el lugar donde descansas:

Allí termina todo y no termina; allí comienza todo: se despiden los ríos en el hielo, el aire se ha casado con la nieve, no hay calles ni caballos y el único edificio lo construyó la piedra. Nadie habita el castillo ni las almas perdidas que frío y viento frío amedrentaron: es sola allí la soledad del mundo, y por eso la piedra se hizo música, elevó sus delgadas estaturas, se levantó para gritar o cantar, pero se quedó muda. Sólo el viento, el látigo del Polo Sur que silba, sólo el vacío blanco y un sonido de pájaro de lluvia sobre el castillo de la soledad.

Me lo llevo conmigo hacia la cumbre, Manel; allí me gustaría dejar estos versos, en tu recuerdo. Te iré explicando cómo nos va en nuestro ataque a cumbre; sé que voy a contar siempre con tu mirada, tu consejo y tu aliento, cuando más lo necesite. La cumbre, Manel, si la logramos, será para ti.”

Y alcanzamos lo más alto del Broad Peak en aquel verano de 2007, y mi cumbre fue para Manel.

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