¿Porqué nos cuesta tanto cambiar?

Ganar importa, pero no es lo único importante valentin giro autor consultor trainer alpinista

¿Quién no se ha visto, en alguna ocasión, incapaz de lograr cambios importantes en su vida, a pesar de proponérselo? Los datos muestran, por ejemplo,  que un 90% de las dietas revierten, tras la pérdida de peso inicial, en una ganancia del 107%. Seguro que muchos de nosotros hemos trabajado en alguna organización donde se han impulsado procesos de cambio que no han llegado a buen puerto.

Una reciente investigación en el ámbito de la salud publicada en la revista Fast Company recogía una evidencia alarmante. Se preguntaba a una muestra de cardiólogos qué sucedía cuando alertaban a sus pacientes crónicos que – literalmente – fallecerían si no modificaban sus hábitos de vida en cuanto a dieta, ejercicio y tabaco.  La respuesta resultaba demoledora: tan solo 1 de cada 7 pacientes era capaz de hacer esos cambios.

Nos cuesta enormemente cambiar, incluso en situaciones críticas, porque consideramos que las creencias que han construido nuestra identidad personal son incuestionables. Por eso, estas creencias, rutinas y principios acaban atrapándonos, manejándonos y gobernándonos. Es lo que K. Eigel, en su investigación “Leader Effectiveness” (PhD diss., University of Georgia, 1998), señala como quedar sujetos a nuestros propios modelos mentales (“que nos tienen”).

El verdadero cambio únicamente es posible si tomamos una mayor conciencia de nuestras creencias, rutinas y creencias y somos capaces de revisarlas, en lo que nos funciona y lo que nos obstaculiza hacia donde queremos ir. Solo con este mayor grado de complejidad mental Eigel señala que es posible el cambio, observando nuestros modelos mentales como si en realidad fueran un objeto (“los tengo y decido qué hacer con ellos”).

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