¿Qué haces cuando tú perro ladra?

dog-barking

Si tú perro ladra, te está avisando de algo. Puedes ignorar este aviso, apartando al animal, o tomarla contra el perro mandándolo callar. En ambos casos pierdes una oportunidad: entender qué se avecina, qué puede estar pasando. La amígdala, un pequeño órgano situado en nuestro cerebro, alberga un particular perro guardián que siempre nos avisa cuando se siente amenazado o en riesgo. Este compañero de viaje resulta ser, ni más ni menos, nuestro propio repertorio emocional.

Cuando sentimos tristeza, ansiedad, temor, enojo o culpa,… nuestro “compañero” nos está avisando de algo, nos está dando una señal que, si la leemos adecuadamente, nos llevará a actuar de una determinada manera. Ahí está la clave: ¿Qué hacemos cuando ladra nuestro “perro”? ¿Nos damos cuenta de esta señal de aviso? e, igual de relevante: si efectivamente nos damos cuenta del aviso ¿Qué hacemos con él? Dos son las respuestas más comunes e inefectivas: “huir” del mismo o bien “aplastarlo”, negándolo o ignorándolo.

Existe un camino alternativo al de la huida o la confrontación. Consiste en saber leer e interpretar el mensaje que nuestro “guardián” nos trae, y responder al mismo de manera consciente, eligiendo un comportamiento que sea para nosotros legítimo y honesto. Si somos capaces de hacer esto, estaremos construyendo un “puente” que transita entre la amígdala y el neocórtex, la parte del cerebro que alberga nuestra capacidad de reflexión y enjuiciamiento. Este proceso es lo que la ciencia del cerebro denomina “reconsolidación”, consiste en reconfigurar la actividad cerebral que nos viene dada y que no podemos modificar (en la amígdala) en respuestas escogidas conscientemente (procesándolas mediante el neocórtex).

Share
This entry was posted in Reflexiones and tagged . Bookmark the permalink.

Leave a Reply