En ruta hacia Hunza por la Karakorum Highway

La Karakorum Highway (KKH), la arteria que conecta Kashgar con Islamabad valentin giro autor consultor trainer alpinista
La Karakorum Highway (KKH), la arteria que conecta Kashgar con Islamabad © Valentín Giró
En el año 2007 Valentín Giró participó en la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m), una cumbre que se yergue en el glaciar del Baltoro, en pleno Baltistán (Pakistán), justo al lado del imponente K2 (8.611 m). En el equipo de “Al Filo” figuraba también a Edurne Pasabán, la alpinista vasca que se ha convertido en la primera mujer en lograr las catorce cumbres de ochomil metros de la Tierra.Valentín Giró tenía una razón especialmente poderosa para regresar al Karakorum: revivir de cerca la expedición de la Magic Line del año 2004 y acercarse al Memorial Gilkey, el promontorio donde descansa el cuerpo de Manel de la Matta, el inspirador – junto a Óscar Cadiach – del ambicioso sueño de la Magic Line. De esta forma, la expedición al Broad Peak (8.047 m) se convirtió para él en un espacio de diálogo y de reencuentro con Manel y también un pequeño homenaje hacia el amigo que perdió la vida en las montañas que tanto amaba.

6 de Junio de 2007

En la provincia de los Territorios del Norte de Pakistán, un territorio a menudo hostil e inhospitable, encontramos una gente especialmente acogedora y amable, generosa y atenta, interesada acerca del lugar del que uno proviene y siempre agradecida por la visita que hacemos a sus valles y montañas. La región, por su situación geográfica y complejidad física, ha sido siempre una encrucijada de diferentes etnias y culturas. Con una extensión que sería comparable a Francia, las cordilleras del Karakorum e Hindu Kush albergan a poco más de un millón y medio de habitantes. Entre los pueblos que habitan la región destacan, por ejemplo, los Kho, los Kalasha, los Burusho, los Gujars, los Baltíes del valle de Skardu y de la región del Baltoro y, como no, los Wakhis del valle de Hunza y de Shimshal. Todos ellos conforman un caleidoscopio de idiomas y culturas, de creencias y formas de enfrentar la vida.

Tan solo llegar hasta el Karakorum resulta una aventura, si uno viaja desde Islamabad por la única vía de acceso por tierra que existe: la Karakorum Highway (KKH). Se trata de la carretera asfaltada más alta del mundo y conecta, a través de 1.300 km, la ciudad de Kashgar en Xinjiäng con Pakistán atravesando el Karakorum por lo que antaño fue una parte de la Ruta de la Seda. Los ingenieros europeos inicialmente contratados declararon inviable su ejecución por la complicadísima orografía del terreno. A pesar de ello Pakistán, gracias a la ayuda de China, logró completarla en 1986, tras veinte años de obras y un altísimo coste en vidas humanas.

Para los estándares de un occidental puede parecer una broma bautizar con el término “highway” esta singular vía de comunicación. Su precario mantenimiento, la severidad del clima que la afecta y los continuos desprendimientos que en ella se producen, hacen que muchos alpinistas compartamos la opinión de que los momentos más delicados de una expedición son precisamente los que transcurren durante el recorrido de la KKH.

Para Murtaza Baig, sin embargo, como para el resto de habitantes de los pueblos y valles del Karakorum, la KKH ha sido y es mucho más que una vía de comunicación; es su modo de vida y su puerta de entrada y regreso del mundo exterior. Cada año la recorre en más de cincuenta ocasiones, yendo y viniendo, de día y de noche, solo y acompañado, sorteando los innumerables cortes y accidentes que en ella se producen. De esta manera, la KKH acaba siendo un microcosmos, un enorme “ser viviente” que, en su interminable serpenteo, da vida a miles de personas.

Una vez cargado el vehículo con nuestros bultos de expedición, Murtaza nos indica que está todo listo para partir. Salimos de Islamabad para tomar la KKH, rumbo al valle de Hunza, en el extremo norte del país.

[Este relato continuará en siguientes posts]
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