Mujeres de altura

Las dos hijas mayores de Murtaza Baig, Nargis y Mehwish, de 13 y 7 años valentin giro alpinista consultor trainer autor

En el año 2007 Valentín Giró participó en la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m), una cumbre que se yergue en el glaciar del Baltoro, en pleno Baltistán (Pakistán), justo al lado del imponente K2 (8.611 m). En el equipo de “Al Filo” figuraba también a Edurne Pasabán, la alpinista vasca que se ha convertido en la primera mujer en lograr las catorce cumbres de ochomil metros de la Tierra.

Valentín Giró tenía una razón especialmente poderosa para regresar al Karakorum: revivir de cerca la expedición de la Magic Line del año 2004 y acercarse al Memorial Gilkey, el promontorio donde descansa el cuerpo de Manel de la Matta, el inspirador – junto a Óscar Cadiach – del ambicioso sueño de la Magic Line. De esta forma, la expedición al Broad Peak (8.047 m) se convirtió para él en un espacio de diálogo y de reencuentro con Manel y también un pequeño homenaje hacia el amigo que perdió la vida en las montañas que tanto amaba.

15 de Junio de 2007

Los Shimshalíes son gente extraordinariamente hospitalaria y lo primero que hacemos es ir a casa de Murtaza, nuestro guía y anfitrión, para conocer a su familia. En una sencilla construcción de adobe, rodeada de pequeñas parcelas sembradas con trigo y patatas, Murtaza vive con su mujer y sus tres hijas, con su tío, hermanos y sobrinos; unas quince personas en total. Todos ellos conviven estrechamente, en un mismo espacio, formando una misma unidad familiar en la que cada uno asume una serie de responsabilidades.

Murtaza es el sostén principal. Reconoce que su trabajo de guía le obliga a pasar mucho tiempo fuera de casa, pero con lo que gana mantiene a la familia y ahorra lo que puede para, dentro de un par de años, pagar la vivienda y educación de sus hijas en la escuela de Karimabad, la capital del valle de Hunza.

Su esposa, Ezat Beghum, como el resto de mujeres de la casa cultivan, junto con los hombres, las parcelas que dan de comer a la familia y, de junio a octubre, cuidan del ganado en los prados altos (localmente llamados pamir) y elaboran los alimentos – yogurt, mantequilla y queso – para pasar el crudo invierno. La vida y la economía de los Shimshalíes están estrechamente ligadas al ciclo de las estaciones. Dentro de unos pocos días, las mujeres de Shimshal, junto con sus hijos, dejarán el pueblo para subir hasta los prados de Shuizherav y Ghuzherav, a más de 4.000 metros y en los que pastan unos 1.100 yaks, relevando así a los shpun, los pastores que durante el invierno vigilan los rebaños.

Durante estos meses algunas de ellas dan también a luz a sus hijos; la vida se abre aquí camino como puede, a pesar de que todo resulta precario y escaso. Hacia finales de octubre, momento del kuch o trashumancia, las mujeres regresan al valle, con una parte de los rebaños, para venta de carne, y con la carga de productos elaborados.

A Ezat Beghum, con su hija Nazish de sólo diez meses, le llevará unos tres días llegar a los prados altos de Ghuzherav. Las otras pequeñas, Nargis y Mehwish, de 13 y 7 años, quedan al cuidado de su tío hasta que finalicen el curso en la escuela primaria del pueblo, construida con la ayuda de dos ONGs extranjeras. Será entonces cuando ambas se unan a su madre y a su hermana pequeña. Sin medio de comunicación alguno, la familia se separa cada año durante cinco meses y las noticias van y vienen sólo de forma esporádica, gracias a los porteadores que bajan y suben del valle.

Para sobrevivir en este entorno tan duro, los Shimshalíes cultivan un especial sentido de la solidaridad y se ayudan entre ellos de forma generosa. Cuentan, de esta forma, con un sistema propio de filantropía social llamado “nomus” mediante el cual se realizan una buena parte de las infraestructuras; desde casas y acequias hasta puentes y sendas de montaña. La persona que promueve un “nomus” lo hace en honor y recuerdo de alguien querido, aportando los recursos necesarios para su realización, así como la alimentación de todos los que participan en su construcción y que, a su vez, no cobran por su trabajo. Concluida la obra, esta toma el nombre del familiar recordado, por lo que en Shimshal todo lo que el hombre ha hecho tiene detrás una particular historia personal y colectiva.

Estas gentes muestran también, como no he visto en ningún otro lugar, una empatía natural hacia el prójimo que les lleva a escuchar y a ayudar con una energía y eficacia que llama la atención. Durante nuestro trekking hemos podido ver en varias ocasiones cómo los porteadores, cansados tras la larga y dura jornada de marcha, ayudaban a alguien a completar un trabajo; un tramo de camino, una acequia, un muro… Uno intenta también echar una mano, pero las escasas fuerzas y la altura lo ponen en su sitio y, jadeando de cansancio, no me queda otra que observar con admiración la fuerza y el carácter singular de estos hombres.

No es extraño entonces que los Shimshalíes tengan fama de ser los porteadores más fuertes y entregados de toda la cordillera del Karakorum. Son también el pueblo que más ochomilistas ha dado. Al menos son veinte los Shimshalíes que cuentan con una o más cumbres de ochomil metros en su haber, algo sin parangón con cualquier otro pueblo del Karakorum. Rajab Shah, de Shimshal, fue en 1998 el primer Pakistaní en ascender los cinco ochomiles de este país: K2, Nanga Parbat, Gasherbrums I y II, y Broad Peak.

Precisamente junto a otra leyenda del ochomilismo Shimshalí, Mehrban Shah, hemos realizado la ascensión al Mungalik Sar, de 6.050 metros, punto culminante de nuestro trekking y cumbre emblemática para los Shimshalíes. Mehrban ha subido esta vez junto a su ahijada Dur Beghum, de 22 años y a quien está formando como alpinista, para que un día pueda ella misma ejercer de guía.

Regreso del valle de Shimshal con la retina cargada de imágenes y con un sentimiento de profundo agradecimiento por lo que he recibido de sus gentes. Antes de despedirnos, nos desean mucha suerte en nuestra próxima ascensión al Broad Peak y quedamos en volver a hablarnos, antes de partir, para saber cómo nos ha ido.

[Este relato continuará en siguientes posts]
Share
This entry was posted in Aventureros and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply