Tirar adelante

Dos porteadores Shimshalíes, en el trekking de aclimatación Mungalik Sar, de 6.050 metros valentin giro consultor autor alpinista trainer

En el año 2007 Valentín Giró participó en la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m), una cumbre que se yergue en el glaciar del Baltoro, en pleno Baltistán (Pakistán), justo al lado del imponente K2 (8.611 m). En el equipo de “Al Filo” figuraba también a Edurne Pasabán, la alpinista vasca que se ha convertido en la primera mujer en lograr las catorce cumbres de ochomil metros de la Tierra.

Valentín Giró tenía una razón especialmente poderosa para regresar al Karakorum: revivir de cerca la expedición de la Magic Line del año 2004 y acercarse al Memorial Gilkey, el promontorio donde descansa el cuerpo de Manel de la Matta, el inspirador – junto a Óscar Cadiach – del ambicioso sueño de la Magic Line. De esta forma, la expedición al Broad Peak (8.047 m) se convirtió para él en un espacio de diálogo y de reencuentro con Manel y también un pequeño homenaje hacia el amigo que perdió la vida en las montañas que tanto amaba.

18 de Junio de 2007

Hoy dejamos el valle de Hunza y ponemos rumbo a Skardu, capital del Baltistán, desde donde iniciaremos la aproximación al Broad Peak (8.047 m), objetivo de la expedición. El coche que nos transporta va dejando atrás la atractiva atalaya sobre la que descansa Karimabad, la acogedora capital de Hunza, ese otro Pakistán que hemos tenido la suerte de recorrer en los últimos días.

Alzo la mirada por la ventana y veo, como si pudiera tocarlas, las nevadísimas cumbres del Rakaposhi (7.788 m), Diran (7.266 m) y Ultar Peak (7.388 m). Llevo luego la vista hacia los valles, altos y caprichosamente excavados, con sus pueblos remotos, casi aislados, como Shimshal, del que hemos regresado hace unos días.

La naturaleza y el paisaje son aquí superlativos e incomparables, en belleza y en dureza. Las gentes de estos valles lo saben y lo sufren, especialmente durante el frío y largo invierno en que el sol asoma unas pocas horas por encima de las crestas. Sin comunicación de ningún tipo ni electricidad. Sin médico ni asistencia de ninguna clase.

Aquí las personas luchan con dignidad por sobrevivir y tirar adelante, mirando por los suyos y también pendientes de los demás, con un sentido innato de comunidad. No son pocos, sin embrago, los que intentan marchar del pueblo, buscando algo de trabajo en Hunza o incluso en ciudades como Lahore o Karachi. Están ahí un tiempo, engullidos en el caos, la suciedad y el ruido de estas metrópolis, malviviendo y haciendo lo que pueden por unas más que escasas rupias diarias. Son muchos los que entonces deciden regresar a su valle, a sus montañas, para volver a cultivar su pedazo de tierra y cuidar de los yaks en verano en los prados altos, en el pamir. Otros, en cambio, se quedan en el valle e incluso alguno, pocos lo consiguen, se empeñan en hacerle trampas al destino intentando hacer realidad su propio sueño.

[Este relato continuará en siguientes posts]
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