La historia de Murtaza Baig

Murtaza sostiene en brazos a su hija pequeña Nazish, de sólo diez meses valentin giro alpinista consultor autor trainer
Murtaza sostiene en brazos a su hija pequeña Nazish, de sólo diez meses © Valentín Giró
En el año 2007 Valentín Giró participó en la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m), una cumbre que se yergue en el glaciar del Baltoro, en pleno Baltistán (Pakistán), justo al lado del imponente K2 (8.611 m). En el equipo de “Al Filo” figuraba también a Edurne Pasabán, la alpinista vasca que se ha convertido en la primera mujer en lograr las catorce cumbres de ochomil metros de la Tierra.Valentín Giró tenía una razón especialmente poderosa para regresar al Karakorum: revivir de cerca la expedición de la Magic Line del año 2004 y acercarse al Memorial Gilkey, el promontorio donde descansa el cuerpo de Manel de la Matta, el inspirador – junto a Óscar Cadiach – del ambicioso sueño de la Magic Line. De esta forma, la expedición al Broad Peak (8.047 m) se convirtió para él en un espacio de diálogo y de reencuentro con Manel y también un pequeño homenaje hacia el amigo que perdió la vida en las montañas que tanto amaba.

18 de Junio de 2007

El sueño de nuestro amigo Murtaza era el de ser guía. Empezó desde abajo, como todos. A los 22 años hizo su primer trabajo como porteador de expedición, cargando hasta 25 kg sobre su espalda, sin contar con los propios enseres, por unas 110 rupias por etapa; poco más de 1€. Casi no alcanza el Campo Base; lo logró gracias a la ayuda de un porteador más veterano que cargó hasta allí con una buena parte de su peso. Aún recuerda bien el dolor y las lágrimas con que acababa cada etapa y la emoción de su madre, ya fallecida, al verle traer su primer salario a casa.

Dos años más tarde, porteando en el trekking del Shimshal Pass para una pareja suiza, decide que es el momento de intentar dar un salto; aparte de maldecir el peso que lleva en su espalda, quiere comunicarse, saber algo de los occidentales a los que acompaña. Se lanza a tal empeño cómo puede y cómo sabe; rascando, aquí y allá, algunas palabras que va anotando en una libretilla. Al cabo de un año su esfuerzo se ve recompensado ya que recibe, con gran sorpresa, un paquete de sus amigos suizos: un curso de francés elemental, con libro, cintas y reproductor incluido.

Así arrancó con su francés, de forma autodidacta, repitiendo una y otra vez palabras que ni siquiera llegaba a entender. En casa lo tomaban por loco; en el reducido habitáculo en el que aún vive y duerme toda la familia le pedían que dejase, de una vez por todas, de hablar con aquel maldito aparato. Pero Murtaza, lejos de renunciar a ello, dedicó a partir de entonces una buena parte de su salario y propinas como porteador a costearse los estudios de francés, primero en Karachi y luego en Islamabad.

Hoy me muestra, orgulloso, su tarjeta profesional: “Murtaza Baig – French Speaking Guide”. En el año 2003 fue promocionado a la categoría de Guía Independiente en Karavan Leaders, la compañía de trekking para la que trabaja desde hace años. Desde entonces lidera los grupos que recibe a su cargo. Al preguntarle qué ha sido para él lo más importante en su trabajo y en su carrera me responde, sin dudar, “trust, honesty”; conseguir, en definitiva, que la gente creyera en él y establecer relaciones basadas en la confianza. Qué verdad tan esencial, pienso, esto que llamamos confianza, laboriosa de ganar y fácil de echar por tierra, aquí en el Karakorum o en casa, en el trabajo, en todos los ámbitos de nuestras vidas. Para construirla, como ha hecho Murtaza, no queda otra que ser honesto, competente en lo que se hace y responsable con las decisiones que se toman.

Pero además – añado yo –, Murtaza ha sabido mantener intacta, como si del primer día se tratara, sus ganas de aprender. Con nosotros, ha descubierto el castellano durante estos días: hemos sido sus primeros trekkers españoles. Le divierte y le suena más fácil que el francés, con el que reconoce haber sufrido tanto. De nuevo, una y otra vez, se ha paseado arriba y abajo preguntando, repitiendo y anotando palabras en su libreta, sobre la marcha, en cualquier momento y situación.

Pero el sueño de Murtaza aún no ha concluido: me dice que quiere llegar, algún día, a montar y dirigir su propia agencia de trekking. Además, lleva ya unos años trabajando junto a toda su familia en lo que aquí es, sin duda, un ambicioso proyecto: el “Shimshal Mountain Palace”, un austero refugio – de momento un humilde y precario cobertizo con un pequeño recibidor y solo tres habitaciones – que acoge al visitante con un rótulo en el que se lee: “Home like atmosphere & Delicious food”.

Mientras compartimos un gran plato de french fries – buenísimas, por cierto – me cuenta lo que le han marcado los seis meses que estuvo el año pasado en Cacherima ayudando a los supervivientes del gran terremoto que azotó la región el 8 de octubre de 2005. “Sabes – me aclara – Karavan Leaders fue la primera agencia de trekking de Pakistán en acudir a la zona devastada y nosotros, los Shimshalis, los primeros en llegar a las aldeas más remotas e inaccesibles”.

[Este relato continuará en siguientes posts]
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