Valentín Giró escala con Iván Vallejo, el primer ochomilista ecuatoriano

Valentin Giro e Ivan Vallejo en el Campo 2 (6.400 m) de la Expedicion “Al Filo – Broad Peak 2007” valentin giro alpinista consultor autor trainer

Valentín Giró (derecha) e Iván Vallejo en el Campo 2 (6.400 m) de la Expedición “Al Filo – Broad Peak 2007” © Juanjo Garra

En el año 2007 Valentín Giró participó en la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m), una cumbre que se yergue en el glaciar del Baltoro, en pleno Baltistán (Pakistán), justo al lado del imponente K2 (8.611 m). En el equipo de “Al Filo” figuraba también a Edurne Pasabán, la alpinista vasca que se ha convertido en la primera mujer en lograr las catorce cumbres de ochomil metros de la Tierra.

Valentín Giró tenía una razón especialmente poderosa para regresar al Karakorum: revivir de cerca la expedición de la Magic Line del año 2004 y acercarse al Memorial Gilkey, el promontorio donde descansa el cuerpo de Manel de la Matta, el inspirador – junto a Óscar Cadiach – del ambicioso sueño de la Magic Line. De esta forma, la expedición al Broad Peak (8.047 m) se convirtió para él en un espacio de diálogo y de reencuentro con Manel y también un pequeño homenaje hacia el amigo que perdió la vida en las montañas que tanto amaba.

Junio de 2007

Nuestra expedición está compuesta por ocho aprendices y ningún “sabelotodo”. Iván Vallejo, por ejemplo. Nacido hace 47 años en Ambato, una pequeña localidad al sur de Quito, Ecuador, en el seno de una familia muy humilde. Toda una vida de esfuerzo, paciencia y disciplina para hacer realidad el sueño que dibujó a los doce años en la escuela y al que puso por título “Yo en la cumbre del Everest”.

Convertido hoy en día en auténtico héroe nacional en su país, cuando la próxima primavera logre pisar, finalmente, la cumbre del Dhaulagiri, será el primer alpinista ecuatoriano en completar “los catorce” sin oxígeno. Hace tan solo un mes alcanzó la cumbre del temido Annapurna, su décimo tercero ochomil.

Iván me cuenta, mientras caminamos por el glaciar del Baltoro, rumbo al Campo Base del Broad Peak, que las montañas del Himalaya y del Karakorum han sido, son y serán su verdadera escuela de vida. Su inmensidad y fuerza le hacen tener siempre presente sus propios límites, su pequeñez y su vulnerabilidad.

Llegamos a Urdukas, final de la jornada. Iván recibe siempre una calurosa acogida de otras expediciones; de amigos alpinistas y también de trekkers que lo reconocen y quieren saludarlo. En estas montañas, su “lugar de trabajo” como él dice, es toda una institución. Le preguntan sobre el Annapurna, su última conquista, o el Everest, el Kangchenjunga y, como no, el Dhaulagiri, su cita pendiente antes de completar “los catorce”.

Iván responde, comenta y ríe, con gran naturalidad y, sobre todo, con la misma humildad y sencillez de siempre, como cuando era un crío en Ambato; o al volver, sin cumbre, del Pumori en 1995, su primer contacto con el Himalaya; o tras lograr su primer Everest sin oxígeno en 1999; o su K2 en el año 2000.

Iván es la esencia del ochomilista honesto, humilde y luchador pero, ante todo, mantiene viva una actitud vital de aprendizaje que es un verdadero regalo para nosotros, sus compañeros de expedición. Gracias Iván.

[Este relato continuará en siguientes posts]
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