Valentín Giró escala con José Ramón Agirre – Marron

Valentin Giro y Jose Ramon Agirre (“Marron”) descansando en la tienda del Campo 1 (5.700 m). valentin giro alpinista consultor trainer autor
Valentín Giró y José Ramón Agirre (“Marron”) descansando en la tienda del Campo 1 (5.700 m). © Juanjo Garra

En el año 2007 Valentín Giró participó en la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m), una cumbre que se yergue en el glaciar del Baltoro, en pleno Baltistán (Pakistán), justo al lado del imponente K2 (8.611 m). En el equipo de “Al Filo” figuraba también a Edurne Pasabán, la alpinista vasca que se ha convertido en la primera mujer en lograr las catorce cumbres de ochomil metros de la Tierra.

Valentín Giró tenía una razón especialmente poderosa para regresar al Karakorum: revivir de cerca la expedición de la Magic Line del año 2004 y acercarse al Memorial Gilkey, el promontorio donde descansa el cuerpo de Manel de la Matta, el inspirador – junto a Óscar Cadiach – del ambicioso sueño de la Magic Line. De esta forma, la expedición al Broad Peak (8.047 m) se convirtió para él en un espacio de diálogo y de reencuentro con Manel y también un pequeño homenaje hacia el amigo que perdió la vida en las montañas que tanto amaba.

Julio de 2007

En la expedición “Broad Peak – Al Filo de lo Imposible” José Ramón Agirre, “Marron”, y Juanjo Garra son mis compañeros habituales de cordada. Marron es el “hombre-pájaro” de nuestra expedición. Guía de montaña, fotógrafo y realizador de documentales Marron es, probablemente, la persona que más vuelos haya realizado en parapente desde las altas cumbres del Himalaya y del Karakorum: Gasherbrum 2, Makalu y Cho Oyu. Ahora intentará saltar desde el Campo 3 (7.000 m) del Broad Peak, o desde más arriba si las condiciones lo permiten, para sobrevolar el K2 y aterrizar en el glaciar Godwin-Austen, junto a nuestro Campo Base.

Nació hace 48 años en Ataun, un pequeño pueblo de Guipúzcoa, en el seno de una familia humilde de agricultores, con ocho hermanos. A los seis años soñaba con llevar las yeguas, con su padre, a la Sierra de Aralar. Aún recuerda la emoción que sintió al descubrir, desde esa sierra, un frío día de invierno, los Pirineos, nevados y cautivadores. En él surgió, desde entonces, un instinto, una pasión: alcanzar a ver el paisaje que se escondía tras la línea del horizonte. Y más allá de las formas de esos paisajes, le sedujeron también sus gentes. Viajó a los Alpes, a África, a los Andes y, finalmente – el sueño más anhelado – al Himalaya y al Karakorum. Lugares estos de montañas blancas y nieves perpetuas y de gentes sobreviviendo; con nada, con casi nada, en los profundos valles.

A pesar de la escasez que les envuelve, las gentes del Himalaya poseen una inmensa riqueza; la que emana de su sonrisa sincera, su generosidad, su amabilidad, su predisposición a ayudar al que por allí se acerca. Recuerda Marron que el mejor regalo que se trajo de su primer viaje a Nepal, en 1985 fue el caluroso saludo, “Namaste”, de sus gentes, con el que abren al desconocido sus casas y su corazón, al darle una mano y envolverle cálidamente con la otra.

[Este relato continuará en siguientes posts]
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