Gracias

Recuerdo que el 20 de julio de 2007, al alcanzar la cumbre del Broad Peak o K3, de 8.047 metros, agotado pero inmensamente feliz, me invadió un profundo sentimiento de agradecimiento. Escribí entonces sobre ese instante: ¡Ahí estábamos, por fin, – con mi compañero de cordada Juanjo Garra – en la mismísima cumbre del Broad Peak! Y no estábamos  solos, ya que sentí junto a mí a todos los que habían hecho posible que llegara allí, (…)”.

Algo parecido he sentido ahora al alcanzar otra “cima”, la de publicar finalmente “La cumbre infinita”. Carlos y yo hicimos cordada en este proyecto junto a Belén. Con ella hemos sido capaces de vestir con las mejores palabras nuestras ideas y pensamientos. Desde el primer momento, al unirse a nuestra “expedición”, Belén mostró una gran sintonía con ambas historias, viviéndolas a fondo e implicándose de principio a fin. Tanto es así que Belén aprendió a escalar en estos meses de trabajo, primero en el rocódromo y luego ya en el monte. Gracias Belén por tirar con nosotros dos “hacia arriba”, con decisión y compromiso.

De su mano tuvimos la fortuna de conocer a nuestro editor, Enrique Murillo, de Los Libros del Lince. Enrique es un hombre de oficio, escritor, editor y crítico literario, que vive de una manera vocacional el mundo de las letras. Es una persona que se moja de verdad por aquellos proyectos en los que cree, y “La cumbre infinita” ha sido sin duda uno de ellos. Y ha sido así, pienso en gran parte, porque narra dos historias con las que él mismo, como emprendedor, se ha visto fuertemente conectado. Con un pequeño y eficaz equipo, Enrique está tirando adelante con éxito Los Libros del Lince, en un momento en el que el sector atraviesa por especiales dificultades. Gracias Enrique, a ti y a tú equipo, por vuestro saber hacer y por tú juvenil y contagioso entusiasmo.

Otras personas me han ayudado también cuando se lo he pedido, sin dudar un instante. Isabel Torres, amiga y diseñadora, entendió y supo reflejar como nadie los escenarios por los que transcurre la historia de la ascensión al K2 por la Magic Line. Gracias Isa, tú trabajo va a ayudar a que los lectores se ubiquen en el escenario de nuestra expedición. Y Sebastián Álvaro, amigo y creador del programa de TVE “Al Filo de lo Imposible”, que me facilitó algunas de sus mejores fotografías del K2, tomadas durante sus numerosas expediciones al Karakorum. Gracias Sebas por tú generosidad, como siempre desinteresada.

Y quiero cerrar estas líneas con un agradecimiento muy espacial hacia la persona sin la cual nunca podría haber escrito este libro: Elsa, mi compañera. Su apoyo incondicional me permitió en su día sumarme al sueño de la Magic Line y me ha acompañado también ahora, a la hora de compartir, finalmente, mis pensamientos y emociones de lo que entonces vivimos. Gracias Elsa, para mí las palabras que abren nuestro libro van dirigidas especialmente a ti: “A todos aquellos que tienen el coraje de emprender una aventura y a quienes les aman”.

Share
This entry was posted in 1 Ideas y energías, Aventureros, Reflexiones and tagged , . Bookmark the permalink.

3 Responses to Gracias

  1. Belén says:

    Gracias a vosotros por haberme invitado a formar parte de esta cordada, de corazón. Este proyecto ha sido desde el primer día una fuente de aprendizaje y descubrimiento para mí. Ayudaros a sacar adelante este libro ha sido de las experiencias más ricas que he tenido la oportunidad de hacer a través de mi escritura. Soy consciente de haber formado parte de una cordada de excepción, de alto nivel profesional y humano, y me siento muy orgullosa del resultado, de nuestro trabajo conjunto y del de nuestro equipo editorial.
    Ahora el libro es de todos, y espero que mucha gente pueda disfrutar de sus páginas como nosotros lo hemos hecho del camino que nos ha llevado hasta tenerlo en nuestras manos. También os deseo que este camino que iniciáis con el blog le dé continuidad y os permita seguir compartiendo con todos nosotros.
    Con todo mi cariño,
    Belén

  2. Estimados Valentín, Carlos & Belén:

    Les hago llegar un abrazo y muchas felicitaciones por la “cumbre” alcanzada, en las alturas de la cima y en las honduras espirituales. Me encargaré de la prensa de vuestro libro en Argentina (ya me encargo, aunque el libro llegará con tres meses de retraso respecto a su publicación en España).
    Haré promoción en prensa escrita y ya lo hago en prensa digital, blogs, sites, Ediciona (web para profesionales del mundo editorial), etc. Les deseo lo mejor para el lanzamiento ibérico. Un cordial saludo desde Buenos Aires, a vuestra disposición para lo que necesiten.

    Julián Chappa · Editor

  3. Roman Ceano says:

    Estimados amigos :

    Compré el libro el sábado y lo terminé de una sola sentada.

    EMHO esa expedición es la mayor hazaña deportiva que he contemplado. Creo que nunca ha tenido la resonancia que se merecía y que la elegancia espiritual de los participantes ha hecho que sea un poco como las películas “de culto”, que solo conocen los que están en el mundillo. Hay muchos deportistas que por mucho menos han recibido un premio mediático infinitamente mayor.

    En su momento me hice un hartón de escribir cartas a los periódicos y las radios protestando por la poca cobertura que se estaba dando. Por ejemplo el 16/08/04, tras dos días desconectado, escribía a un amigo que trabajaba en una emisora catalana muy conocida diciéndole “No puc concebre el que esteu fent amb la expedició al K2. Jo estava a un lloc que no hi havia Internet i sentint la vostra emisora pensava que s’havien retirat de la muntanya perque no en deieu res. En canvi els pallassos del tennis no es poden ni tirar un pet sense que sigui titular. El que estan fent al K2 es el mes dificil que ha fet mai un esportista català i tenen molts numeros per quedar-s’hi per sempre.” Esto de “quedar-s’hi per sempre” me obsesionaba porque cualquiera que haya leído sobre himalayismo sabe “el pa que s’hi dona” y lo fácil que es quedarse para siempre. Hacía decenios que no veía a Valentín pero lo recordaba como una persona muy alegre, animosa y con un espíritu refinado pero algo soñador. Tenía mucho miedo que este último rasgo le costase caro.

    Había leido sobre la Magic Line en el libro de Messner y para mi era como hacer la “olla” que rodea el Circo Occidental (o la W Lothse-Nupse, también idea de Messner): cosas de las que se habla tomando pacharán en el refugio -o té en la tienda del CB- pero que a nadie se le ocurre intentar.

    En cuanto abrí el libro volví al verano del 2004, cuando sentí en tiempo real la ominosa sensación que hasta entonces solo había tenido en los relatos “enlatados” de Desio, Herzog, Bonington, Boardman y Diemberger. Recuerdo la noche cuando el último parte era que Jordi Corominas estaba “a 80 metros de la cumbre, con nieve hasta el pecho y no contestaba en la radio”. Era madrugada, hora de Barcelona y yo estaba en el despacho de mi casa refrescando compulsivamente el navegador sobre webs como mounteverest.net. También tenía la radio pegada al oído para no molestar a la familia, esperando en vano que en el boletín horario dijeran algo (creo que hablaron de unos lanzadores de peso en cuartos de final).

    Apagué la radio y caminé por el pasillo en la oscuridad. Pensé en lo que sentiría él : el cansancio de 20 horas escalando, la noche sin luna (el 16 habia sido luna nueva), la nieve, el viento, el dolor terrible en la garganta y el pecho, el frio mordiente, la soledad sideral del lugar, la conciencia de que no había vuelta atrás, de que se había jugado la vida a doble o nada… y todo eso en medio de la anoxia, con el cerebro con tendencia a entrar en modo lavadora-secadora, cada vez más incapaz de imponerse al cuerpo que pide descansar un momento, solo un momento…. Pensé en las palabras de Messner que aconseja siempre seguir adelante. En parte porque eso te puede salvar pero también porque cuánto más agotado estés, más dulce y fácil será la muerte. Sentí escalofrios y recordé a Krakauer que tras volver del Everest una noche se levantó a orinar y quedó de pronto petrificado por el contraste entre el ambiente super-antropomorfico de su apartamento comparado con los parajes dantescos de la killing zone que había visitado. Yo sentía eso pero sincrónico y cada vez que me impersonaba en Corominas sentía la muerte sobre mi. Creo que me dormí antes del siguiente boletín porque el siguiente recuerdo es levantarme corriendo y leer en la web que Jordi Corominas estaba bajando vivo por los Abruzzos. No hay gol del FCB ni exito deportivo alguno que pueda igualar la sensación de euforia y felicidad que experimenté. También tuve la sensación de estar en presencia de una persona realmente excepcional, el prototipo del héroe que cuando los dioses ya han decidido, los desafía. El descenso de Corominas por los Abruzzos casi sin parar, como si fuera una rutina, como si no fuera más que una vuelta a la base tras asegurar un tramo, fue tan majestuoso que hay que acudir a la mitología para encontrar algo parecido. Se tomó un té con los japoneses y se fue porque aún no había terminado el trabajo. Queda para siempre el comentario –no se si apócrifo- cuando le preguntaron a Corominas que porqué no contestaba a la radio cuando todo el planeta estaba colgado esperando una palabra suya a Valentín : “No tenía nada que decir”.

    Luego vino la zozobra y la épica se tiñó de duelo, que probablemente es su color favorito. Podría escribir 20 párrafos sobre eso pero serían banales porque son evidentes sin haberlos escrito.

    Fue una epopeya que empezó como la contemplación de un espectáculo deportivo lejano, que se fue apoderando de mí y que terminó conmigo llorando en medio de los cientos de miles que celebramos de luto esa rara combinación de grandeza y tragedia que es la existencia humana.

    Quería hablar sobre John Hunt, sobre Messner, sobre los emprendedores y muchas cosas más pero no me queda ni sitio, ni fuerza sicológica. Otro día será.

    Felicidades a todos los miembros de la expedición y felicidades por el libro.

    Roman Ceano

Leave a Reply