El éxito más allá del éxito

Jordi Corominas aproximandose al Campo 3 (6.900 m) valentin giro autor consultor trainer alpinista
Celebrar cada paso adelante, avanzar con ambición de logro y con coherencia y respeto de nuestros valores; a este éxito de proceso lo llamamos el “éxito más allá del éxito”. Jordi Corominas aproximándose al Campo 3 (6.900 m). © Expedición K2 Magic Line 2004

La montaña y la empresa son, en suma, dos mundos que invitan a la reflexión acerca del significado de las palabras éxito y el fracaso: la fragilidad del primero y el sentido del segundo, la delgada línea que hay entre ambos cuando hablamos de proyectos con un nivel tan alto de exigencia y de riesgo. Lograr unos objetivos marcados es señal de efectividad y produce satisfacción y sensación de éxito.

Pero muchas veces no se logra ese objetivo final a pesar de todos los esfuerzos, porque las circunstancias lo impiden, y sin embargo el haber actuado de acuerdo a unos valores, con integridad, hacen que ese supuesto fracaso no se viva como tal, por el aprendizaje y el sentido del proceso mismo más allá de la culminación. Esto es, en sí mismo, el éxito más allá del éxito.

El alpinismo audaz y ambicioso y las empresas arriesgadas e innovadoras son dos ámbitos en los que aprender a medir la propia estatura frente a la grandeza y el poder de la naturaleza y el entorno, donde celebrar cada paso adelante con humildad es el éxito cotidiano, y donde el único fracaso es no asumir la posibilidad del error, no disfrutar del camino y ver en el fallo la oportunidad de aprender para acometer mejor nuevas aventuras. Fracasa solamente aquel que no lo intenta. La cumbre infinita es de quienes persiguen sus sueños sin rendirse nunca.

Como bien apuntaban los profesores Ángel Castiñeira y Josep María Lozano:

Éxito y fracaso tienen mucho en común, son dos caras de una misma moneda. Son el resultado de una iniciativa, de alguien que se atrevió a explorar algo nuevo, que tuvo la ambición de ir más allá y que asumió el riesgo y las consecuencias de fallar.

La Vanguardia, 13 junio 2007

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